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19 de julio de 2007

N° 35
 
Rodrigo Losada -Director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá- escribe una reseña sobre la última publicación de la Corte Nacional Electoral:
Sobre el Atlas Electoral Latinoamericano

Al propiciar la publicación del Atlas electoral latinoamericano, una obra centrada en las elecciones presidenciales más recientes, las de 2005 y 2006, llevadas a cabo en 11 países del subcontinente, el Dr. Salvador Romero ha puesto un hito que dará mucho de que hablar en los próximos años. Los países aludidos son Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Nicaragua y Perú, como quien dice casi toda Latinoamérica, los cuales fueron analizados por 16 investigadores, cada uno de ellos especialista en su tema, procedentes de reconocidos centros académicos de América Latina y de Francia. Se presenta, pues, al público una obra no sólo de mérito indiscutible, sino de la mayor actualidad en cuanto es la primera publicación en el mundo que escudriña a fondo, y en forma comparativa, lo que pasó en los 11 comicios presidenciales recién celebrados.

Si ustedes hojean el Atlas electoral latinoamericano notarán de inmediato una característica suya, incontrovertible, pero que no es casual y que explica el término Atlas: se trata de la abundancia de mapas empleada  para arrojar luz sobre los resultados electorales.

Quisiera, pues, resaltar la novedad que representa esta publicación discurriendo, primero, sobre las ventajas que poseen los estudios de geografía electoral frente a los estudios basados en encuestas, y segundo, aludiendo al potencial que representa la cartografía electoral comparativa.

En cuanto a lo primero, no pretendo atribuir a los estudios electorales basados en análisis cartográficos un potencial analítico superior al de los estudios fundamentados en encuestas aplicadas a muestras representativas de la población. Cada uno de estos dos tipos de indagación posee sus ventajas y sus desventajas, pero los dos se complementan maravillosamente.

Las encuestas permiten capturar, entre otras cosas, las creencias de la gente; sus motivaciones, por ejemplo para apoyar a un candidato, al menos aquellas que los entrevistados quieran confesar; sus reacciones emocionales, en particular, sus odios y sus amores; y permiten, además, registrar la imagen que las personas tienen de las instituciones políticas y de los personajes públicos, por ejemplo, de los candidatos a cargos electivos. En otras palabras, las encuestas permiten penetrar en el mundo interior de las personas, un logro nada despreciable.

Pero cada persona vive en medio de otras personas, interactuando gratamente con las unas y sufriendo las consecuencias de lo ejecutado por otras. Más aún, cada uno de nosotros se encuentra siempre inmerso en un entorno de restricciones, sean estas físicas, como por ejemplo habitar en una región árida o en un país carente de salida al mar; sean sociales, en cuanto, por dar un ejemplo, los unos residen en un medio urbano altamente densificado y los otros en zona despoblada; hay restricciones culturales, pues no es lo mismo vivir en un medio ricamente pluricultural como el boliviano que vivir la homogeneidad cultural sueca o noruega; existen por supuesto restricciones económicas ligadas al tipo de economía que predomina, a la mayor o menor prosperidad económica, a la alta o baja demanda por la fuerza laboral; y finalmente, querámoslo o no, nos rodea un entorno político, con unos gobernantes concretos, que así como abren oportunidades para unos, las cierran para otros. Con un ingrediente adicional: en la medida en que el entorno es duradero, y en general todo entorno contiene elementos que tienden a ser duraderos, la huella de la historia deja impresas en nuestro interior unas tradiciones y unas costumbres que limitan sustanciadamente nuestra visión del mundo y nuestras opciones de vida.

Pues bien, los estudios que se apoyan en la cartografía electoral, alimentada a su vez, como lo señala el Dr. Romero en la Introducción del Atlas, por la geografía humana, la historia, la economía, la ciencia política y otras ciencias sociales, permiten apreciar cómo esos factores físicos, socio-demográficos, culturales, económicos, históricos y políticos, condicionan un determinado comportamiento en el día de las elecciones. Este tipo de análisis no resulta posible, o difícilmente lo es, para los estudios basados en encuestas.

He ahí, pues, uno de los aportes más valiosos de este  libro. Se está arrojando nueva luz sobre por qué los ciudadanos de los doce países analizados fueron a sufragar, y por qué, en medio del respectivo entorno, obtuvo el triunfo un candidato en lugar de otro, u otros, digan ustedes, Evo Morales, Kirchner, Lula de Silva, Uribe, la Bachelet, Correa, Alan García, Felipe Calderón, Oscar Arias, Manuel Zelaya y Daniel Ortega, en lugar de sus respectivos rivales.

Pero los méritos del libro Atlas electoral latinoamericano no paran ahí. Esta obra, como se lo destaca en su Introducción, pone los primeros cimientos de la geografía electoral comparada de América Latina. Por cierto, una triste realidad del medio académico latinoamericano es que sus investigadores, en particular los que analizan los fenómenos electorales, tienden a vivir en ínsulas, aparentemente desconectadas entre sí por incontables kilómetros. Una segunda realidad es que mucha gente en cada uno de nuestros países tiende a pensar que los problemas políticos que sufren en su interior se deben a factores que únicamente tienen lugar en ese país y no en otros. Las consideran producto de una fatalidad. Frente a este modo de pensar, ligero y prejuiciado, cabe señalar que la única manera a disposición los humanos para descubrir qué factor de los que nos afectan, para bien o para mal, es peculiar o exclusivo de nuestro propio país es mediante el ejercicio de comparar sistemáticamente nuestro país con otros. Por fortuna, frente a ese aislamiento y frente a esa miopía, este libro nos acerca unos a otros y empieza a hacernos ver que son muchos los problemas de nuestro país, y las causas de los mismos, que son compartidos con otro, u otros, países del subcontinente, y que por ende podemos aprender mucho de las experiencias de otro.